Alcázar Sánchez Ruiz

Propietaria de Floristería Vivero Alcázar


1. ¿Cómo llegaste a trabajar con plantas?

Desde pequeña, la naturaleza despertaba en mí unos sentimientos preciosos. Más tarde supe comprender que esa pasión venía por el amor que sentía por las plantas. Así, siguiendo mi instinto, decidí apostar por el mundo floral. En el ayuntamiento de Baeza (Jaén) —lugar en el que siempre he vivido—, se impulsó una promoción de cursos de jardinería en la escuela taller. Finalmente, con el apoyo de mi familia, me matriculé. Fue una promoción muy especial, ya que fui de las primeras mujeres que hicieron jardinería en Baeza. En su tiempo, era inusual ver a una mujer con un mono de trabajo realizando tareas en la calle. Gracias a este curso, que duró unos cuatro años, aprendí un gran oficio y del que actualmente estoy orgullosa. 

Después de estos cuatro años de formación, me contrataron como monitora de jardinería y estuve como profesora en una escuela taller en Andújar. Fueron unos años maravillosos, pero mi sueño era otro. Mi proyecto era montar mi propio negocio, tener mi propia floristería. ¡Bendita oportunidad! Las plantas es mi forma de entender la vida, es mi vida. 

2. ¿En qué consiste tu trabajo exactamente?

Tengo una floristería y un vivero. Es una empresa familiar con una larga tradición. Abrimos las puertas hace 30 años y aquí seguimos creciendo cada día un poco más. Mi trabajo consiste en la atención al público —con la realización de arreglos florales para eventos y ceremonias— y el mantenimiento de plantas ornamentales. Hasta hace unos años, en el vivero producíamos nuestras propias flores naturales. 

3. ¿Qué aporta tu trabajo a la sociedad? ¿Y a la cultura?

Algo que caracteriza mi trabajo es la felicidad y la alegría que aporta a nuestros clientes. Las flores y las plantas atraen numerosos beneficios a la mente humana. 

Para la cultura, mi trabajo permite que las tradiciones se mantengan. ¿Quién no tiene una flor de pascua cuando llega la Navidad? o ¿cómo imaginarnos un paso de Semana Santa sin flores? Las flores nos acompañan en todos los eventos, aunque en algunas ocasiones pasan desapercibidas. 

4. ¿Un lugar verde que sea especial para ti?

¡Muchos! ¿Cómo poder elegir uno? Si tuviera que elegir, me quedaría con mi vivero… Es el sitio en el que más tiempo paso y en el que puedo respirar la naturaleza de cerca. Pero, sin duda, no puedo olvidar otros sitios especiales de nuestra tierra, como el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas o, un poquito más lejos, los jardines del Generalife de la Alhambra o el Jardín Botánico-Histórico de Málaga, en el que puedes disfrutar de un tranquilo paseo rodeado de la más exquisita naturaleza.

5. ¿Tienes un libro o una película sobre la naturaleza (flora) que te haya marcado?

No podría indicar ningún libro o película en especial. Al final, todos los libros y las películas relacionadas con el mundo vegetal me han hecho aprender algo nuevo.

6. ¿Algo verde para comer? ¿Y para oler?

¡Qué difícil es elegir entre toda la verdura solo una! Me encanta la verdura, pero elegiría el brócoli. ¡Qué rico!

Para oler, me quedo con las flores que tienen olores intensos que me devuelven a mi infancia. Por ejemplo, la violeta me recuerda a mi niñez y a los juegos en el patio de mi abuela. 

7. ¿Un deseo verde?

Me encantaría que todos respetásemos la naturaleza, que aprendiéramos a protegerla y sobre todo a amarla.




 

Ana Rey Simó

Museo Nacional de Ciencias Naturales


1. ¿Cómo llegaste a trabajar con plantas y en qué consiste tu trabajo?

Desde pequeña me apasionaron los árboles. Recuerdo que recogía semillas y las plantaba en la ventana de mi habitación y veía cómo crecían fresnos, castaños, robles. Aunque crecí en una gran ciudad tenía un gran parque cerca y me encantaba ir. Cuando me hice mayor estudié Biología e hice mi doctorado en Ecofisiología, curiosa por entender cómo las plantas interaccionan con el ambiente. Entonces aprendí la enorme importancia que tienen, su papel en el clima de la Tierra, en albergar una enorme biodiversidad, en generar y preservar nuestros suelos... Y desde entonces me dedico a estudiarlos y a intentar comprender su papel en el cambio climático. 

 

2. ¿Qué aporta tu trabajo a la sociedad? 

¡En teoría mucho! La ciencia debería de ser la base de todas nuestras decisiones a nivel político, pero en la práctica no lo tengo tan claro. Como científicos nos ocupamos de entender los procesos, cómo debemos preservar y gestionar nuestros bosques, qué papel tienen y cómo responden a los cambios. De ello deberían salir medidas de protección y gestión que nos ayuden a preservar nuestros bosques. Creo además que tenemos la responsabilidad de transmitir la importancia que tienen, de acercar las plantas a la sociedad. 

 

¿Y a la cultura?

La cultura y la ciencia han estado siempre ligados. En mi caso como mencionaba me gusta divulgar, pero además pinto y a través de la pintura intento también transmitir la importancia de las plantas y los bosques. 

 

3. ¿Un lugar verde que sea especial para ti?

¡Muuuchos, todos! ¡Adoro el verde! Desde siempre. Creciendo en Madrid me escapaba al norte todo el verano para estar rodeada de verde. ¡El verde sienta bien, a todos! Un paseo por un bosque es una terapia fantástica. Especiales para mí… los bosques de secuoyas de California, los bosques de hayas de Baviera, más cerquita el castañar del Tiemblo el que visito varias veces al año y cómo no, los bosques de alcornocales, castaños y pinsapares de las Sierras de Málaga donde investigo. 

 

4. ¿Tienes un libro o una película sobre la naturaleza (flora) que te haya marcado?

¡Muchos! Me encantan los documentales y por supuesto los libros. ¿Un libro reciente? El increíble viaje de las plantas de Stefano Mancuso, investigador italiano. ¡Fascinante!

 

5. ¿Crees que el progreso humano ha deteriorado la relación hombre-planta?

Sin duda alguna. Vivimos al margen de la naturaleza, sin contacto con ella, de donde venimos y de quien dependemos. El valor positivo sobre nuestra salud, y hasta nuestro estado de ánimo está demostrado. Necesitamos reconectarnos con la naturaleza. 

 

¿Se pueden reconciliar ambos aspectos? 

¡Creo que sí, no solo se puede, sino que se lo debemos! El progreso humano debería tener en cuenta el respeto y el contacto con la naturaleza, si no, no hay progreso. 

 

6. ¿Algo verde para comer? 

Soy vegetariana, así que para mí, ¡todo es verde! Las plantas son fábricas de carbono, el ladrillo de la vida. Son fábricas capaces de convertir la energía del sol en energía química, almacenarla, que es lo que comemos. Todas las dietas sanas y saludables nos aconsejan el consumo de verduras, legumbres y frutas. ¡Verde! 

 

¿Y para oler?

También maravilloso… el olor del bosque tras la lluvia, de las aromáticas de nuestro bosque mediterráneo…

 

7. ¿Un deseo verde?

¡Que enverdezcamos nuestro planeta y nuestras vidas! Que los partidos verdes o ecologistas no sean minoritarios ni marginales, sino que las políticas ambientales formen parte esencial de todos los partidos y de nuestra conciencia, siempre, más verde. 





 

Sobre la nuez

La dificultad a la hora de quebrar la cáscara de la nuez, así como la tardanza en su proceso de crecimiento en el nogal, ha derivado en una amplia nómina de refranes en el imaginario popular, mantenidas hoy día con el sentido de ‘dificultad’ o, incluso, con el de ‘fruto de valor’: el que siembra una noguera, no come nueces de ellaquien nogal pone, su fruto no come; o Dios nos da las nueces, pero no las casca, con el sentido de ‘algo dificultoso’. De manera complementaria, las formas año de nueces, venga mil veces; mucho ruido y pocas nueceslo que bien me parece, me sabe a nueces; o nueces con pan, ricas están, son solo unos pocos ejemplos que ponen de manifiesto el valor positivo que caracteriza el significado idiomático de las construcciones basadas en este fruto. 

Todos estos datos contrastan con los que arrojan las fuentes tardomedievales, como es el caso de los dos monumentos poéticos de la escuela del mester de clerecía, en tanto de su lectura se desprende una clara relación semántica entre el concepto de nuez y el significado de ‘negatividad’ o ‘poco valor’:


Al mancebo mantiene mucho en mancebez,

e al viejo perder faz mucho la vejez;

faz blanco e fermoso del negro como pez,

lo que una nuez non val amor le da gran prez.

(Juan Ruiz, Libro de Buen Amor, 157)

 

De fabla chica, dañosa, guardés muger falaguera, 

que de un grano de agraz se faze mucha dentera, 

de una nuez chica nasçe árbor de grand noguera 

e muchas espigas nasçen de un grano de çivera.

(Juan Ruiz, Libro de Buen Amor, 907)

 

E así aprende el omne quand vil e quand rrefez

es tod’ quanto desea e busca cada vez;

commo torne en sí mesmo, non ponga tan grant pre[z]

a la tal gloria vana, que non val’ una nuez.

(López de Ayala, Rimado de Palacio, 1825)


Este mismo valor se deja sentir todavía en la época de los Austria, tal como lo constatan los siguientes versos de Cristóbal de Castillejo (compuestos entre 1541-1550), en los que la fórmula fraseologizada no vale una nuez mantiene inalterado el significado heredado de ‘no valer nada’:

 

Como veis, d’ese doliente,

Venidas naturalmente

Y por su lança ganadas,

Do remedio no se siente,

do no vale una nuez

Medicina ni verdad,

Ni sentencia de juez,

La una era de vejez,

Cargada de enfermedad.


No será, hasta ya entrada la modernidad, cuando se “revalorice” este preciado fruto y constituye una unidad semántica genuina en construcciones parémicas derivadas de la autoridad del pueblo soberano. Efectivamente, muchas estructuras perduran desde la antigüedad (incluso en otras lenguas, como es el caso de la paremia juanruiciana, documentada en repertorios gallegos del siglo XX: Dunha noz pequena nace unha nogueira), otras perviven en estado latente hasta su despertar, al tiempo que muchas de ellas evolucionan y cambian en función de las necesidades y los requerimientos de una sociedad en continuo progreso. La lengua no se queda al margen, así como tampoco los refranes y sus elementos constituyentes, ámbito estrechamente relacionado con el medio natural que nos rodea y del cual formamos parte. 


Francisco Pedro Pla Colomer

fpla@ujaen.es

Universidad de Jaén. Departamento de Filología Española. Área de Lengua Española